
Mi femenino totalmente violentado, haciendo uso de todos sus recursos para asegurar que nadie se vuelva a acercar. El miedo hace lo suyo y, entre la tristeza que me produce, el dolor y la incomodidad, no puedo dejar de llorar cada vez que me veo así. Y es imposible dejar de preguntarme una y otra vez: ¿por qué hay gente mala?
Escribí estas palabras en un momento de profunda reflexión sobre la violencia.
Constantemente creemos que la violencia se circunscribe únicamente a la violencia física, cuando lo cierto es que existen diferentes tipos de violencia: psicológica o emocional, sexual, económica o patrimonial, simbólica, estructural, de género, digital, autoinfligida, interpersonal, colectiva y seguramente la lista sigue.
La violencia emocional: una de las formas más normalizadas
Hoy me quiero referir a la violencia psicológica o emocional. La OMS la define como “el uso intencional del poder o amenazas contra otra persona que puede causar daño mental, emocional, moral o social”, mientras que la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (UN Women) la describe como “Cualquier acto o conducta que cause daño emocional, disminuya la autoestima o busque controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones de una persona.”
En un artículo publicado en noviembre de 2025, UN Woman indica que al menos 840 millones de mujeres (1 de cada 3) han sufrido violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida. Una estadística verdaderamente escalofriante.
El Boletín No. 4 de abril del 2026 de la CEPAL sobre Violencia Feminicida en Cifras América Latina y el Caribe, menciona en uno de sus apartados lo siguiente: “Actuar de manera urgente frente a la pandemia de violencia contra las mujeres, las adolescentes y las niñas es fundamental. La prevalencia de esta grave y persistente vulneración de los derechos humanos sigue siendo muy alta: las encuestas nacionales realizadas en 12 países en los últimos años revelan que entre el 63% y el 76% de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia de género en algún ámbito de su vida (CEPAL, 2025a). “ y continúa con lo siguiente: “Las mujeres y las niñas experimentan violencia de género a lo largo de toda su vida. Esta adopta múltiples formas y se produce en todos los ámbitos, ya sean públicos o privados, entre ellos los contextos de la familia, la comunidad, los espacios públicos, el lugar de trabajo, el esparcimiento, la política, el deporte, los servicios de salud y las instituciones educativas, y en los entornos tecnológicos y digitales (Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, 2017).”
Pese al gran esfuerzo que distintas organizaciones sociales han realizado durante los últimos años con el fin de visibilizar lo que está pasando con las mujeres en este aspecto, las estadísticas oficiales siguen siendo conservadoras, puesto que aún el silencio estadístico y dificultades en la obtención de información, factores que obstaculizan la entrega de datos más cercanos a la realidad.
La violencia psicológica en las relaciones de pareja
La violencia psicológica se constituye como una de las formas más comunes de violencia contra las mujeres dentro del ámbito de las relaciones de pareja. Estudios realizados en Perú (provincia de Quispicanchi) en 2024, muestran que: “…el 52,5% de mujeres entre 15 y 49 años en el Perú sufrieron de violencia ejercida alguna vez por su esposo o compañero. Del total, el 48,9% fue violencia psicológica, el 26,7% física y el 5,2% de tipo sexual. Según prevalencias nacionales históricas, la violencia psicológica es mucho más predominante que otros tipos de violencia; sin embargo, presenta restricciones en el acceso a la justicia ante la presencia de obstáculos estructurales, probatorios y culturales, según revela el diagnóstico de las barreras para la atención a la violencia psicológica sufrida por mujeres en la provincia”.
De igual manera, un estudio publicado por la Universidad de Cornell, titulado Mexico 2021: Psychological Intimate Partner Violence Against Women and the Role of Childhood Violence Exposure — A Machine Learning Approach, presenta la violencia psicológica como la forma de violencia prevalente en dicho país durante ese periodo.
Lo que aprendemos sin darnos cuenta
En mi experiencia personal y gracias a todas las herramientas adquiridas durante las distintas formaciones que he realizado en mi camino como Mentora, he podido identificar ciertos factores comunes que hasta hoy inciden para que las mujeres “normalicemos” ciertas situaciones que se enmarcan dentro de la violencia emocional o psicológica. Desde DERAIA, entendemos que muchas de estas dinámicas no aparecen de manera aislada: responden a historias personales, aprendizajes emocionales, heridas profundas y patrones inconscientes que condicionan la manera en que nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás. Veamos algunos de estos factores:
- Condicionamientos sociales y culturales: Por una parte vivimos en una sociedad que aún arraiga comportamientos con un fuerte componente patriarcal y al mismo tiempo, se han generado dinámicas de confrontación que dificultan relaciones más conscientes y equilibradas entre hombres y mujeres. Muchas mujeres crecimos aprendiendo que debíamos soportar, callar o justificar ciertos comportamientos para sostener vínculos afectivos.
- Pautas de crianza: Muchas creencias se forman en entornos donde expresar emociones, ideas o sentimientos era visto como una señal de debilidad, especialmente en los hombres. La ausencia de una educación emocional saludable hace que muchas personas sólo sepan relacionarse desde el grito, el control, la invalidación o incluso la violencia física.
- Modelo relacional aprendido (relaciones de pareja): El primer modelo de relación que conocemos suele ser el de nuestros padres o cuidadores. Si este estuvo teñido por dinámicas de violencia, control o dependencia emocional, podemos aprender de manera inconsciente que así funcionan las relaciones afectivas, confundiendo, por ejemplo, los celos excesivos con amor y cuidado.
- Heridas de Infancia: Las heridas emocionales que se originan en la niñez condicionan nuestra vida adulta y nos hacen más vulnerables a aceptar vínculos que perpetúan el abandono, el rechazo, la humillación o la desvalorización. En DERAIA creemos profundamente en la importancia del autoconocimiento y del trabajo interno para reconocer estos patrones y transformarlos conscientemente.
- Desconexión personal y emocional: Normalizamos la violencia porque hemos aprendido a conectarnos con lo que sentimos. Nos cuesta identificar nuestros límites, validar nuestras emociones o reconocer cuándo algo nos está haciendo daño. Recuperar la conexión con nuestra voz interna es parte fundamental del proceso de transformación personal.
Desafortunadamente, y pese al acceso que tenemos a información como la aquí expuesta, muchas mujeres seguimos aceptando este tipo de violencia en nuestro día a día, minimizando completamente sus efectos. En mi caso, el reconocer mis heridas de infancia, me permitió entender por qué permití ciertas situaciones que intuía estaban mal. Trabajar y sanar estas heridas me permitió poner límites a tiempo y evitar así engrosar las fatales estadísticas.
No estás sola
Mi llamado hoy es a todas las mujeres que están siendo víctimas silenciosas de esta violencia. A no normalizar las palabras que minimizan y dañan la autoestima, que amenazan, que humillan; a no aceptar ningún tipo de chantaje o invalidación emocional; a entender que el control digital, el gaslighting y la vigilancia constante también son formas de violencia. Y que esta forma de violencia no marca la piel, marca el alma, dejando una huella profunda y difícil de sanar.
Debes saber que no estás sola. Buscar ayuda a tiempo puede evitar graves consecuencias.
Soy Rocio Consuegra Hace un tiempo, decidí dejar atrás la seguridad del mundo corporativo para escuchar lo que mi esencia realmente pedía. Hoy, como Mentora de Desarrollo Personal, acompaño a personas que, como yo en aquel entonces, sienten que viven desconectadas de sí mismas. A través de mi metodología DERAIA, te ayudo a descubrir, reconectar y diseñar una vida libre de patrones heredados. Mi misión es servirte de guía para que dejes de buscar respuestas afuera y empieces a habitar tu propia totalidad.

Muy buena reflexión… los datos son asombrosos y las cifras dan miedo.
También somos víctimas de violencia de género en el ámbito laboral y esta mucho más presente en la cotidianidad de lo que creemos… comentarios sexistas, menos oferta laboral, menores salarios, etc…